miércoles, 8 de agosto de 2012

La maldición de la bici rota alcanzó a Lucy:

Primero cayó su bici dorada:
Pedaleando por la rosa de los vientos la cadena se enfureció porque Lucy no la lubricaba y estaba engrasada. Así que decidió estropearse/explotar sonoramente. La cadena se salió de su sitio. Y unos desconocidos de Lucy (tranquilas chicas, no eran chocolate ni queso) le tuvieron que apañar la bici hasta llegar hasta primera fila, en frente de mis apartamentos, donde me encontraba yo. La esperaba desde hacía 10 minutos. Y cuando vi a lo lejos unos pantalones cortos rosas, junto con unas gafas de sol policíacas y esa bolsa de verde fluorescente colgada a la espalda... Supe que era ella, la que jadeante, me sacaba la lengua como podía.
Segundo cayó la bici morada:
Estaba ilusionada, contenta de tener una segunda bici. Que por lo que veo, no le duró mucho... Se levantó 15 minutos antes para llegar a en punto, siempre puntual. Y cuando se daba ánimos porque veía mis apartamentos a lo lejos, la rueda trasera se cansó de estar en su sitio. La goma que iba encajada al aluminio se salió, desencajándose por completo. La pobre tuvo que volver andando conmigo. Y por mi instinto suicida ciego... Di una de las peores ideas posibles.
-¿Sabes qué?
+¿Qué?
-Ayer fui con mi padre con bici.
+¿Y...?
-Ayer fui con mi padre con UNA bici.
Me miró con esa cara que pone cuando dice: "Edward es mio". Sí, esa cara, la que da miedo. Ella es cabezota, pero yo más. Mientras ella se subía a mi "maletero", como lo llamo yo.
+¿Estás segura de esto?
-¡Mujer de poca fe...!
Y a partir de aquí celebré mi aniversario de mis caídas 100.001, 100.002, 100.003, 100.004...
Y ASÍ CONTINUARÉ...
HASTA EL FINAL DE MIS DÍAS

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